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SERIEmente: Rome (2005)

Tito Pullo: Tengo gustos más simples. Me gusta matar a mis enemigos, tomar su oro y disfrutar sus mujeres. Eso es todo. ¿Por qué atarte solo a una? ¿Dónde está el sabor? ¿Dónde está la alegría?

Lucio Voreno: Pullo… ¿cuándo fue la última vez que tuviste a una mujer que no llorara o que no te haya cobrado?

(S01E01 – “The Stolen Eagle”)

 

Suciedad. Clasismo. Lujuria. Violencia.

Estas son las palabras que vinieron a mi mente cuando, con los ojos como platos, vi el piloto de Rome. Por fin, y a diferencia de tantas películas peplum (género del cine ambientado en las historias de Roma, Egipto y Grecia, entre otras civilizaciones del mundo antiguo) producidas por los acaudalados dedos de Hollywood, pude visualizar a la capital del Imperio Romano como siempre la imaginé.

Lucio Voreno (izq.) y su ¿inseparable? amigo, Tito Pullo.

Este magnífico retrato, coproducido por HBO, la BBC de Londres y la RAI italiana, y cuya duración fue de dos temporadas, está basado en la época de la transición república-imperio, como producto de la ambición, la corrupción y la lucha de clases que campeaban con fuerza en la sociedad romana. En la primera temporada vemos cómo Cayo Julio César (entonces general del ejército) consigue un triunfo notable ante su rival, el galo Vercingétorix, lo que le otorga el poder necesario para perturbar el liderazgo del cónsul Pompeyo Magno, con la consiguiente ascensión de César como amo y señor de la república. La segunda temporada nos muestra el desarrollo intelectual, físico y táctico de Octavio (heredero de Julio César) y su enfrentamiento con su tío Marco Antonio, quien a su vez mantiene una lujuriosa relación con la última reina egipcia, Cleopatra.

Al margen de la rigurosidad histórica, el verdadero trofeo de Rome se descubre en los personajes, algunos de ellos introducidos en tramas ciertamente escandalosas y violentas. Tal es el caso del noble soldado Tito Pullo (Ray Stevenson) y el temperamental centurión Lucio Voreno (Kevin McKidd, que se volvería muy popular al incorporarse al reparto de Grey’s Anatomy), ambos protagonistas de primer orden de la serie y quienes, sin importar la disparidad de sus orígenes y los dramáticos eventos que inciden en sus vidas, logran forjar y mantener una amistad inquebrantable. Es una relación genial, la de estos dos. Ambos se destacan en sus roles de una manera soberbia y, en cierto modo, representan al espectador común (tú y yo) dentro de la vorágine del duelo de poderes que se sucede, cada vez con mayor ímpetu, a su alrededor.

La clase alta y ostentosa de la antigua Roma… y sin lavadoras automáticas.

Si bien el deleite máximo nos es proporcionado con las aventuras de Lucio y Pullo, hay otros roles que son dignos de aplausos: la exquisita y manipuladora Atia de los Julios (Polly Walker, nominada en 2006 a un Globo de Oro por este papel) y que comparte momentos fantásticos con su amante Marco Antonio (James Purefoy); la no-tan-inocente y sufrida esposa de Voreno, Niobe (Indira Varma); tenemos también a Servilia, una poderosa mujer venida a menos, como la madre del tristemente célebre Bruto (Lindsay Duncan) y, en el papel de Julio César, el inmenso (no exagero, créeme) Ciarán Hinds. De este último, no puedo imaginarme un mejor actor para encarnar a este significativo personaje: su altivez, gravedad y porte dan totalmente en el clavo y nos ofrece una de las mejores caracterizaciones históricas que he tenido el goce de contemplar.

La serie tuvo, como era de esperarse, aclamaciones y controversias. La aparición de escenas subidas de tono y la exhibición ostensible de desnudos integrales (hablo de genitales, prominentemente masculinos) si bien pudo tener la finalidad de ilustrarnos acerca de las costumbres libertinas de la época (adulterio, prostitución, violaciones, incesto, son todas variaciones de la práctica común y desenfrenada del sexo como factor de primer orden dentro de las numerosas clases sociales de Roma), sin duda ocasionaron problemas al momento de fijar los horarios de emisión en las diferentes cadenas que apostaron por ella y se convirtieron en auténticos quebraderos de cabeza para los productores y para la audiencia. Similar complicación se presentó con el uso de ciertos vocablos y lenguaje, considerados no adecuados, y que fueron posteriormente editados en una nueva versión.

Es tiempo de intrigas y conciliábulos. Cuidado.

Las locaciones de Rome fueron filmadas en su mayoría dentro de los famosos estudios de Cinecittà (cuyo inmenso tamaño permitió la reconstrucción de partes notables de la ciudad de Roma en la época que nos concierne) y durante su producción participaron más de 350 personas, con los enormes costos que semejante esfuerzo sobrellevó y que fueron las causas principales de su lamentable cancelación. Sin embargo, y luego de no pocos cambios al guion original, se logró acordar un “final adecuado” que, al menos en mi caso, me dio más ganas de seguirla viendo (la trama queda abierta en cierto modo, lo que daría pie a una más que razonable continuación). Irónicamente, estos costos hoy día no serían problema, pues en la actualidad se producen series con inversiones mayores que dan ganancias más que suficientes, como es el caso de (citando sólo una) Game Of Thrones de HBO. Fue sólo cuestión del momento, para bien o para mal.

Al día de hoy, me he visto Rome 3 veces y mi asombro no se ha desvanecido. El impacto visual y argumental es tremendo y seductor, por lo que ya agendé una nueva tanda este año. ¿Recomendada? Al César lo que es del César: por esta vez, deberías hacerme caso.

 

 

 

FICHA TÉCNICA: Rome (2005)

Creadores: Bruno Heller, William MacDonald, John Milius

Productores: Bruno Heller, Todd London, Anne Thomopoulos

Género: Drama, histórico, acción

País de origen: Reino Unido

Temporadas: 2 (22 episodios, cancelada)

Cadena emisora: HBO, BBC, RAI

Puntuación IMDb: 8,8 de 10

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